Inspirada por la feminista Mary Shelley y su Frankenstein, en este 2020 me propuse escribir nuevamente y de paso descubrir mis monstruos. El más grande de ellos es el miedo a la soledad, y claro, tengo experiencia en eso. Hace algunos años me quedé sola tras una ruptura de pareja, no podía comprenderlo en ese momento, porque estaba inmersa en el dolor que me provocaba la situación, sobre todo, por la incapacidad del otro de no ver y no hacerse cargo. Ya pasado un tiempo prudente, un par de años, más o menos, decidí no sentirme culpable por “abandonarlo”, porque ambos fuimos responsables del quiebre. Yo, por insegura; él, por no comunicarse.
En mis múltiples análisis y conversas con las amigas, después de quedarme sola, resolví que necesitaba más. Lo triste es que hizo más, pero no me di cuenta porque esperaba ansiosa aquello que me faltaba. Y qué era eso que me faltaba, ¡Ay Dios! No lo sé, porque idealizaba, la felicidad, el éxito, ¡wherever!. Así, de sufrir por mi carencia, pasé a sufrir por las cosas externas a la relación con las que se me hizo imposible lidiar y terminé con él. Conclusión 1: El amor no es suficiente.
Siempre buscando justificaciones, una cosa muy humana, por cierto, creo que mi proceso de sicoterapia me dejó vulnerable frente a él. Entonces, en plena crisis de pareja, vinieron las inseguridades del tipo: “No soy la mujer que esperaba”. Sí, claro, soy esa mujer fuerte y autónoma; pero también soy esa mujer frágil que llora por todo. Un gran problema porque la mayoría de los hombres se superan con el llanto. No saben qué hacer. Supongo que se aburrió y no estaba dispuesto a convivir con tanto drama. Pero bueno, ¿qué culpa tengo yo de ser tan dramática, verdad?.
Después de quedarme sola, sentir rabia, pena, nostalgia y angustia, volvimos a vernos. Fue sanador para cerrar ese ciclo, pero me trajo de nuevo lo amargo de la rabia y lo salado de la pena. Me preparé para ser muy directa, le pregunté qué sentía y le dije que estaba dispuesta a volver. Como su respuesta fue negativa, me rompió el corazón, lloré y lloré, noche tras noche. Conclusión 2: Ya no me quería, como yo quería. Un corazón roto toma su propio tiempo en recomponerse.
Ahora, si me preguntan cómo se supera ese miedo profundo a la soledad, del que les hablé al comienzo, les contaré que mi mayor aprendizaje es que puedo vivir conmigo misma y disfrutarlo. La clave: Logré sentirme cómoda en mi cuerpo y segura de mis emociones. Digo segura de mis emociones, porque aprendí que debo identificarlas y sentirlas, así no más. También, que se gestionan, no se controlan, es decir, una debe ir regulando la intensidad. Eso último cuesta un poco más y es un trabajo permanente, pero se consigue. Al menos, yo me propongo conseguirlo todos los días. Conclusión 3: La meditación es una herramienta simple y gratis para regular las emociones. Mi mantra es: Inhala y exhala. Cuando tengas rabia o pena, inhala y exhala por la nariz, como se hace en yoga. Inhala contando 1,2,3,4y5; y luego, exhala contando 1,2,3,4 y5. Si quieres puedes aguantar el aire, contando 1,2,3,4y5, antes de exhalar.
Disfrutar estar sola, no se trata de independencia o de hacer las cosas que quiera con total libertad. Sino más bien, de hacer aquello que me mueve en la vida; tener ratos de ocio; dejar de lado el deber ser, la autoexigencia y los autoboicot; y cultivar la meditación y otras terapias, que me ayudan a soltar los miedos y las frustraciones. Ha sido un proceso largo; sin embargo, por primera vez en años de años, puedo decir que dejé de ser la víctima y comencé a vivir con lo que tengo=conmigo. Conclusión 4: Sola y feliz.
Te agradezco Mary Shelley por iluminarme, el día capicúa 0202-2020. Tu vida fue compleja, la mía en cambio ha sido un privilegio, gracias a tu feminismo y el de muchas mujeres, que trabajaron por instalar los derechos que hoy gozamos, en una nueva conmemoración del Día Internacional de la Mujer, este 8 de marzo.
Cada mujer es diferente, las hay cómodas en su zona confort, otras aventureras, algunas luchadoras y otras que simplemente toman palco. Mary fue una luchadora. Yo voy por ser aventurera y salir de mi zona de confort. Contar nuestras experiencias a otras mujeres y compartir datos para estar mejor, nos ayuda a liberarnos de los Frankenstein y soltar nuestros miedos. De pasadita aprendemos algo nuevo para incluir en nuestro set de autocuidado. Conclusión 5: Las Mujeres somos únicas y complementarias. Más ayudarse, menos juzgarse.

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