Muy cierto, las penas y las alegrías se pasan comprando. De seguro han visto la película “Loca por las compras”, en mi caso, más de una vez. Sin ir más lejos, “La cartera roja”, se inspiró en “La bufanda verde”. Esta cinta muestra nuestro lado ansioso y también superficial. Nuestra afición por los zapatos, los accesorios y las joyas. Comprarlos nos produce una especie de éxtasis, difícil de describir. Es como el amor a primera vista. Seducción en la mirada, coqueteo y la primera cita.
Tenemos un impulso por adquirir cosas que a veces ni siquiera necesitamos, al parecer es un tema de género que traspasa las fronteras, por eso, hace un par de viernes, tal como Rebecca, salí de la oficina con una misión clara. Comprar un par de zapatos nuevos. Crucé la Alameda y me interné en medio del bullicio de los autos, tomé el paseo Ahumada y caminé, con cierto garbo. Espalda recta, cuello erguido y una sonrisa en el rostro. Esta vez, no andaba con calzas así es que pude desplazarme con facilidad.
Ya tenía claro a qué lugar acudir. Ingresé por las puertas de vidrio, de esas que se abren a tu paso. Me confunden, son tan modernas, siento que me transportan hacia otra dimensión, y al mismo tiempo, son tan reales que he chocado con alguna de ellas. Caminé recto hasta la sección de zapatos de la multitienda, comencé revisando los saldos, ubicados al centro y luego examiné las vitrinas de izquierda a derecha. Terminé rápido porque no encontré los botines que quería. Salí y crucé por el pasillo hasta las escaleras mecánicas. Necesitaba un premio de consuelo.
En el segundo piso estaba la lencería, hacia la izquierda y las marcas conocidas de ropa femenina, hacia la derecha. Me quedé en el medio, observando un vestido de color café, después de unos segundos caí en la cuenta de que era muy ajustado y dí media vuelta.
Bajé decepcionada. Caminé hasta la tienda de accesorios Lounge y ahí estaba: era un bolso grande y de colores alegres. Fue amor a primera vista. Lo probé en mi brazo, me miré al espejo y lucía maravilloso. Lo sostuve en mi mano izquierda todo el tiempo, mientras con la otra, vitrineaba los aros y las pulseras. Tomé unos aros para Luisa y me dirigí hasta la caja. Allí me enamoré de nuevo, de un reloj en tonos pasteles, bellísimo. No necesitaba un reloj, ni siquiera uso uno. Pese a ello, le pedí a la vendedora que le sacara el seguro, pero me ignoró. Pasé por las carteras y los pañuelos, y llegué hasta la caja por segunda vez. Fue ahí cuando me dieron la terrible noticia: el sistema red compra estaba malo. -¿Qué?, no puede ser!!, le repliqué. Para bien o para mal, no tenía efectivo, ni ganas de ir por un cajero automático, así es que deserté, al igual que otras chicas. No lo podía creer, tanto tiempo invertido para nada. Me fui con una sensación de absoluta desilusión, sin zapatos y sin bolso.
No sé cómo explicarlo, ese día no tenía pena. Comprar era simplemente una necesidad, quería algo nuevo. ¿La obsesión por comprar es sólo un tema de género?, ¿Los hombres acuden también a una tienda para enamorarse a primera vista?. Algunas mujeres estarán de acuerdo y se sentirán identificadas, otras no. Mientras que en los hombres -según me han contado algunos- también opera a veces el flechazo con aquellos juguetes que sirven para alimentar los hobbies y de ese modo hacer la vida más agradable.
Aquí les dejo el link con el trailer de la película, por si se animan:
https://www.youtube.com/watch?v=sXVa9EKTsOk

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