Si me dijeran que dejara de ser periodista no podría, y es que amo mi profesión. Amo escribir y leer. En ese orden. De niña, los papeluchos fueron mis primeras lecturas y por alguna razón, como a los 12 me cautivaron las historias de Sherlock Holmes. A lo 16 me imaginaba en Macondo, al pasar las páginas de Cien Años de Soledad, de García Márquez, que se convirtió en mi libro favorito de la vida. De adolescente comencé a escribir poesía, en libretas y cuadernos. Caminaba desde la casa de mis papás, a los pies del cerro, en dirección al Barrio Pescador, hasta la playa de Arauco. Me sentaba frente al mar, y pasaba horas con mi cuaderno y mi lápiz grafito. Me gustaba el estilo prosa y romántico, a lo Neruda…
Cuando decidí estudiar periodismo fue mágico, porque pensé que podría hacer las dos cosas que más me gustaban en la vida. Es fuerte si lo reviso ahora, porque solo tenía 17 años. Hoy tengo 42, y desde hace justo 20 años, soy periodista. Este sábado 11 de julio, escribo en el Día del Periodista, para honrar mi profesión. Cuando se me ocurrió en la mañana, recordé lo primero que me enseñaron en la universidad, la palabra Objetividad. Me pareció muy tajante en ese momento, la verdad, pero no lo cuestioné. Eran otros tiempos, fines de los `90, pos dictadura, y los periodistas no opinaban. En las noticias de tevé, existían los lectores de noticias y los reporteros. En la actualidad, sería impensado que un periodista no tuviera opinión respecto de un tema contingente. Es más, las audiencias de los medios de comunicación, exigen tener una postura clara y cuestionar a los entrevistados, sobre todo, en la contingencia actual de pandemia por la cual atravesamos.
En cuanto a la tecnología, también, hemos avanzado de forma extraordinaria. Durante el primer año de universidad, en 1996, utilizábamos grabadora con cassette. Comenzamos full con computadores PC e Internet, al año siguiente. Ya para mi primer trabajo en 2001, en La Voz de Arauco, un periódico de Cañete, usábamos una cámara fotográfica digital con disquete. Ah! y casi lo olvidaba, para la práctica en Radio Indómita de Arauco, tuvimos los primeros celulares con mis amigas, unos con antena y tapita. En 20 años, desde que egresé de la universidad, ha pasado mucho en todos los niveles. Avanzó la tecnología y hoy adoro mi MacBookAir. Surgieron y se masificaron las redes sociales. Facebook desde 2007, le siguieron Twitter e Instagram. Los teléfonos inteligentes, los sitios web de empresas e instituciones, y Whatsapp. Ahora en esta cuarentena por COVID-19, las estrellas son ZOOM, Teams y Meet, para acercar a las personas con videollamadas, que se realizan en línea. Populares son las compras electrónicas y el delivery, todo gracias a las aplicaciones y al Internet.
Raya para la suma, acá van un par de reflexiones rápidas de 20 años de periodista, en una mañana de sábado antes de empezar a cocinar:
-El periodismo no es objetivo, porque cada persona es un sujeto distinto, gracias a Dios y a todos los santos. Lo más importante, los periodistas tenemos una opinión. Hay distintos espacios para expresarla, y eso depende del lugar que cada uno ocupa y el rol que juega allí.
-Si bien, en este rato mi trabajo no está relacionado directamente con el quehacer periodístico. Llevo a la periodista en la sangre. De escribir, lo que más gusta es contar historias y hacer pequeñas reflexiones. Así es que soy feliz cuando lo hago en estas historias cortas para mi blog.
-La tecnología nos ayuda a mantenernos más cerca de nuestros seres queridos en esta pandemia. Avanzamos junto a ella, para masificar conocimiento e información, y nos ha beneficiado al hacernos la vida más fácil. Sin embargo, nos deja en la superficie, muy a la vista, tanto que a veces molesta. Esas brechas que aún persisten en el acceso de miles de personas a los servicios básicos, a educación y a la misma tecnología.

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