Una mujer “empoderada” en un mundo de hombres es peligrosa, porque piensa por sí misma y tiene una opinión propia, y como si fuera poco “la verbaliza”. Es increíble que esté escribiendo sobre esto en el año 2024. Nací en 1978, y pensaba que los hombres de mi generación y más chicos estaban deconstruidos o en proceso.
La verdad, a mí me gusta más decir “una mujer con poder”. El término “empoderada” me suena como a “apoderada” o a “empollada”. Aquí sentada en el sillón de mi casa, mi cuarto propio, escribo y ordeno mis libros por colores. Un toc, sí, ya lo sé. Hace años, lo hice por género y materia; y ahora, ubico los lomos por colores. Puede parecer extraño, pero lo vi en una serie y me gustó. Solo me falta reorganizar mis revistas.
Ya es de noche, en Santiago de Chile, 21:48 horas. Me tomo un gin con limón y tónica. Tengo a mi lado el libro “Un cuarto propio”, lo comencé a leer en Navidad y en la hora de almuerzo en la pega. La lata es que se me desarmó, parece que el holmet no quedó tan bien pegado.
Su autora es Virginia Wolf, una escritora inglesa, que según el sitio web de National Geographic es “una de las escritoras referentes del modernismo vanguardista del siglo XX y del movimiento feminista. A Virginia Woolf, nacida en Londres como Adeline Virginia Stephen el 25 de enero de 1882, le tocó vivir en un mundo de hombres”.
En “Un cuarto propio” relató cómo vivían las mujeres de su época. Inicia con un ensayo titulado “Las mujeres y la ficción”, en el que sostuvo que se requría tener dinero y un cuarto propio para escribir novelas de ficción. En definitiva, como una adelantada en su tiempo, reconoció que para que una mujer escribiera, debía tener un trabajo, su propio dinero y con eso proveerse un espacio donde vivir. No como ocurría a fines de 1800 y principios de 1900, cuando los hombres administraban el dinero de sus esposas.
“La ficción debe atenerse a los hechos, y cuanto más verdaderos sean los hechos, mejor será la ficción…al menos eso dicen”. Me encantó esta frase de su libro.
Me quedé pensando. Si Virginia viajara en el tiempo, a nuestra época, se espantaría. No sé ustedes, pero yo lo estoy. Es muy curioso que hoy, en 2024, hablemos de lograr la igualdad de género en nuestro país y de incorporar el enfoque de género en todas las áreas en las cuales nos desenvolvemos las mujeres.
En el ámbito laboral sabemos que la brecha salarial es grande aún. Si bien, existen roles y labores que hacemos las mujeres que antes eran solo masculinas, como manejar camiones, conducir un taxi o ser árbitro de fútbol. Aún estamos lejos de alcanzar la igualdad en los espacios de poder, como la política, la gerencia de una empresa o la jefatura dentro de una institución.
Hemos avanzado, en algunas cosas, como el aborto en tres causales y en instalar los temas de cuidado, que favorecen a los grupos de especial protección, como los Niños, Niñas y Adolescentes (NNA) y las Personas Mayores. Sin embargo, quedamos al debe, porque solo se considera a mujeres que tienen labores de cuidado con niños, me refiero a mujeres madres. Aquellas que no tenemos hijos, también cuidamos a nuestros padres, a nuestros sobrinos y a nuestros ahijados. Por eso, me parece que encasillar la igualdad de género con un sólo rótulo, no ayuda en nada. Es más, no permite que todas las mujeres conozcan de qué se trata.
Ni hablar del feminismo, si seguimos abordandolo desde la teoría, desde una elite académica, supuestamente más culta. Nos quedaremos en los libros y no aterrizaremos en el día a día de las mujeres que no tienen acceso a libros y a educación universitaria. Esa debería ser nuestra preocupación.
El feminismo para mí es la lucha por alcanzar la igualdad de género. En algunos espacios lo asocian a la izquierda. En otros, a los estereotipos de mujeres con axilas peludas, que está muy bien, pero es solo una performance. No funciona como llamado de atención al poder, ni menos para aquellas mujeres que están siendo víctimas de violencia de parte de sus parejas.
Recuerdo hace un par de años, vi una noticia sobre el femicidio de una joven carabinera del sur. Luego, en Instagram apareció un post, con la frase: “la paca no es sorora”. Lo encontré muy discriminador, porque siento que todas las mujeres somos iguales, sin importar nuestra posición política, condición socioeconómica o nuestro trabajo; y creo que para alcanzar una igualdad sustantiva, es decir, implementar medidas concretas en todas las áreas de nuestras vidas, desde lo íntimo a lo público. Lo primero es revisar la forma cómo vivimos nuestro, día a día, el cómo nos relacionamos con nuestras parejas, familiares, el conductor de taxi, nuestros jefes y jefas, y los compañeros de trabajo, el señor del minimarket o la botillería.
Odio cuando entro a un negocio y me dicen “hola, mi reina”.
En esa línea, es esencial que nos “compartamos el poder”, que nos “compartamos información” y que nos “veamos como iguales entre nosotras”. Ese es el primer paso, para llegar a todas las mujeres con el mensaje. Se me ocurre que el feminismo se podría enseñar en los colegios. Desde pequeños los niños deberían saber que son iguales a sus compañeras mujeres. Las niñas no sólo son las mamás jugando a las muñecas y a las tacitas. Las niñas pueden ser lo que ellas quieran ser.
Acá les dejo el link, para conocer un poco más a Virginia Wolf:
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/virginia-woolf-escritora-atormentada_15063

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