Era el término de mis vacaciones, venía de regreso a Santiago. El bus desde Concepción demora seis horas, así es que me preparaba para una larga jornada. El auxiliar tomó los datos de todos los pasajeros que veníamos en el segundo piso y al término de esa tarea, como es costumbre, puso una película. Se llamaba “Corazón de León” y cuenta la historia de amor de León e Ivana. El título no me decía mucho, pero como soy fan de los films trasandinos me acomodé en el asiento.
Los protagonistas se reúnen por primera vez en un café. León es un arquitecto, de unos 47 años e Ivana una estupenda abogada, de unos 35. La cara de asombro de ella, contrasta con el ímpetu de él. Claro, ya está acostumbrado a que todos se espanten al verlo. Para romper el hielo, le dice en tono de broma: -me faltan 40 centímetros, no es nada grave, es distinto. Ella, se hace la desentendida, pero no puede disimular. Luego de algunas citas, ambos se enamoran y comienzan las contradicciones para Ivana, este hombre arriesgado y encantador mide 1 metro 36 centímetros.
Su ex marido y socio, en un bufete de abogados, le enrostra que está saliendo con un “enano”, -de golpe te convertís en blanca nieves y tomás una decisión peor que la otra, le dice. En paralelo, su madre hace lo propio: -¿por qué un enano, con la cantidad de hombres “normales” que hay en la vida?. A lo que Ivana responde. -es bajo, nada más. –no, es bajísimo, replica la madre.
Tras los cuestionamientos familiares y sociales, Ivana termina con León. Qué pena me dio, de verdad el tipo es encantador. En ese momento pensé, que hubiera hecho lo mismo. A la hora de escoger pareja la altura me genera una sensación de seguridad, necesito a mi lado a un hombre alto.
El tamaño, la calvicie, la gordura, un nombre raro, son miles las alternativas de forma y no del fondo de la persona, las que nos llevan a veces a terminar una relación que recién comienza por miedo a lo desconocido. Es más cómodo buscar a un hombre “normal”, aunque hilando un poco más fino, esa normalidad tampoco existe.
¿Cuántas veces hemos creído estar con un hombre “normal”?, porque cumple con el tamaño y los canones socialmente aceptados, pero en realidad es un maltratador. Se comporta como un gentelman, pero es un demonio puertas adentro. Yo, al menos, una. Quizá sea tiempo de dar más importancia a la esencia de la persona que tenemos al lado, compartiendo nuestra cama.
No les diré cómo termina la película y para que se entusiasmen, acá les dejo el trailer:
https://www.youtube.com/watch?v=2qMRdY35NjE

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