Ese domingo fue un día mágico, un día capicúa. Capicúa es un número que se lee igual hacia la derecha y hacia la izquierda. En este caso, coincidieron los cuatro números del día y el mes, con los cuatro números del año, lo que se repetirá nuevamente en un siglo más. Para ese entonces, todos los que estamos escribiendo, figuraremos bajo tierra o iluminados luego de un par de reencarnaciones.
Durante el taller para activar mi glándula pineal, al que asistí el día anterior al domingo capicúa, la terapeuta mencionó la reencarnación. Por algún motivo me provoca susto el tema de las vidas pasadas, tal vez, más adelante me anime y lo aborde en estas historias.
Vamos a lo quería contarles sobre la glándula pineal. Es tan pequeña como un poroto, se encuentra alojada al centro del cerebro, atrás de la lengua para ser más exacta. Herófilo de Calcedonia, un médico que vivió 300 años Antes de Cristo, hizo los primeros estudios de los que se tiene registro, pero sus escritos, aparentemente, se quemaron en el incendio de la biblioteca de Alejandría o están en algún lugar del Vaticano. Luego, Descartes la denominó “el asiento del alma”, “allí donde nacen nuestros pensamientos”.
La activación de la glándula pineal es simple y no requiere preparación previa. Se trata solo de meditación. A mí me dio sueño, llegué a la casa después del taller y dormí unas dos horas por la tarde y la noche de corrido. Es apta para todo tipo de personas, por lo que cualquiera que lo desee puede hacerlo. Se los recomiendo absolutamente.
A la mañana siguiente del curso, el día capicúa 0202-2020, desperté muy reconfortada y estuve callada durante el almuerzo. Algo muy raro en mí, por cierto. Si pudiera definir mi estado de ese día, diría que estaba en una especie de limbo tranquilo-observador. Me sentía flotando.
La activación, además de brindar un estado de paz interior, nos da la capacidad de cocrear nuestra vida y nos da poder sobre lo que queremos hacer. Quizá por eso, vi una película tan reveladora en Netflix. Se trataba de la historia de la escritora londinense Mary Shelley (1797-1851), autora de “Frankenstein o el moderno Prometeo”. Ninguna editorial quiso publicar su libro y la que finalmente accedió, le exigió un prólogo de su pareja, el poeta Percy Shelley. Dos razones para esa negativa: Atribuían el texto a Percy o lo consideraban demasiado bueno para una mujer. Y claro, como hablaba de un monstruo, ninguno de aquellos hombres quería asumir su propio Frankestein.
Me quedé pensando sobre lo dificultoso que era por esos años escribir con un lápiz grafito, mejor dicho un carbón, o con una pluma y los restos de tinta por todas partes. Más encima a oscuras, con unas velas de mierda chorreadas de cera. A diferencia de mi época, 200 años después tengo las condiciones y los medios para hacerlo de forma regular. Un cómodo lugar en mi casa que destiné a escritorio y un computador para registrar mis impresiones e intuiciones; mis dichas y desdichas.
Revelación post película: “Tengo que hacer, lo que mejor sé hacer, escribir”. ¡A por ello! Como dicen los españoles. Entre el cocrear mi vida, que fue la enseñanza del taller de activación de la glándula pineal del día anterior y la película del día capicúa 0202-2020. El mensaje del universo para mí fue más que claro: ¡Escribe, wueona!.
Hay otros mensajes profundos en la película sobre el feminismo. Soy una mujer adulta, autónoma e independiente, características que Mary luchó por instalar en esos años. Soy una mujer creativa, sensible, fuerte, inteligente y guapa, igual que ella; sin embargo, Mary debió aceptar que la primera edición de su libro se publicara como “anónimo”, su nombre no podía aparecer porque era mujer. Dos siglos después de su existencia, en el día capicúa, 0202-2020, puedo escribir y expresarme libremente en mi blog, ni siquiera necesito una editorial.
Si bien, a estas alturas hemos avanzado mucho, parece increíble que aún persistan enclaves machistas, como la poca participación de mujeres en política o en las ciencias. Parece inverosímil que se perpetúen los crímenes en contra de las mujeres en el mundo; en nuestro país, al 17 de febrero de 2020, ya van cuatro femicidios consumados y catorce frustrados, según cifras del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género.
Si Mary se reencarnó y es contemporánea a nosotr@s, está en algún lugar del mundo siendo muy feminista y escribiendo, e incluso podría estar cantando en la performance de “Las tesis”.
Conclusión: El arte y las comunicaciones son dos mundos machistas aún. Tema para una próxima historia.

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